Un potente terremoto de magnitud 7.1 golpeó el sur de Japón esta semana, deteniendo las operaciones en varias plantas automotrices y de semiconductores de la región. El sismo ha cobrado la vida de 34 personas, pero los expertos creen que el impacto en las cadenas de suministro podría ser menos severo que el de un terremoto similar hace una década, gracias a las mejoras en las medidas de resiliencia. El proveedor automotriz Aisin reportó daños limitados en su fábrica cerca del epicentro debido a las renovaciones resistentes a terremotos implementadas desde 2016; no se ha notificado daños estructurales importantes, aunque algunos tubos de agua se vieron afectados.
En respuesta al terremoto, Toyota ha suspendido las operaciones en tres fábricas hasta el 5 de agosto, mientras que Nissan y Mitsubishi Motors también han ajustado sus cronogramas de producción. El estratega del Banco Mizuho, Masayuki Nakajima, destacó que los fabricantes han aprendido de pasados terremotos y de la pandemia de COVID-19, lo que ha llevado a una diversificación de los proveedores que podría mejorar la resiliencia. Sin embargo, el momento del sismo es preocupante, dada la actual escasez global de chips de memoria impulsada por el aumento de inversiones en IA.
Los fabricantes de semiconductores en la región, conocida como «la Silicon Valley de Japón», también enfrentan desafíos. TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, ha reanudado sus operaciones, aunque con inspecciones que requieren mucho tiempo. Otras empresas, como Renesas y Sony, tienen previsto reiniciar gradualmente sus actividades, y Sony se propone regresar a los niveles previos al terremoto para mediados de agosto. Las investigaciones sobre los incidentes que llevaron a fatalidades en instalaciones comerciales están en curso, lo que ha llevado al ministerio de comercio japonés a asegurar inspecciones de seguridad en equipos de gas en áreas afectadas por el sismo.
Fuente y detalles de la noticia